miércoles, octubre 11, 2006

Avanzamos... "Hijos de los hombres"

Alfonso Cuarón pone en primera línea la degradación del ser humano en un presente dominado por la corrupción, el terrorismo, el miedo al otro, la inmigración y la falta de conciencia ecológica.

Hay un nuevo género dentro de la ciencia ficción en el que incluimos títulos míticos como Fahrenheit 451 y 1984, y recientes como Gattaca, Código 46 y Aeon flux, cada una con un estilo propio. Todas ellas hablan del mañana en términos tangibles, sin teorizar acerca de androides y extraterrestres que se pelean por dominarnos. Se enmarca aquí Babel, del mexicano Alejandro González Iñárritu (Amores perros, 21 gramos) y el último trabajo de su compatriota Alfonso Cuarón, que después de dirigir Harry Potter y el prisionero de Azkabán ha viajado a ese futuro apocalíptico por desgracia no tan lejano.

Y lo ha hecho teniendo como guía a Clive Owen (Closer, Plan oculto), convertido en el cuarentón de moda: no es un galán pero tiene tipo de hombre corriente. Otra característica de este nuevo cine: las visiones que presentan el mundo que se nos avecina están llenas de hombres y mujeres ‘reales’, como Julianne Moore y Michael Caine.

Ambientada en el Londres del año 2027, la historia trata acerca de la separación entre ricos y pobres y el papel de las fronteras, algo que ya remarcó con acierto Michael Winterbottom en Código 46: ‘los que viven dentro (de la ciudad), enfrentados a los que están fuera’. La diferencia de matiz en esa sentencia es mínima pero suficiente para remover conciencias. Basada en la novela Children of men, de la británica P.D. James, la película se aleja de alienígenas invasores y robots inteligentes para acercarnos a nuestro principal verdugo: el hombre.

Dice Cuarón que más que aportar una visión negativa de lo que se nos avecina, propone una mirada bastante realista al tiempo que nos ha tocado vivir y vamos a dejar de herencia a la siguiente generación. Es de esas películas donde no sabemos si los personajes existen o sólo están en la imaginación, pero la idea que transmite es más de pesadilla que de sueño. Nuestros descendientes son seres que pululan por un terreno agónico pero cercano e identificable, lleno de campos de refugiados y con pocos toques futuristas, a diferencia de los empleados en títulos que en los 80 mostraban el siglo XXI.

En 2009 nació el último bebé pero esa no es la peor noticia: las mujeres han perdido su capacidad de engendrar niños y los salvajes efectos de la tan manida globalización han acentuado el racismo y la xenofobia en lugar de estrechar lazos. Se colocan bombas para derrocar el estado policial y la omisión de libertades, como en V de Vendetta. Y aunque pueda parecer chocante no nos extraña todo lo que narra Cuarón con imágenes que están inspiradas en los informativos que vemos a diario. Destaca el tono semi-documental apoyado en la fotografía de Emmanuel Lubezki (El nuevo mundo, Y tu mamá también), premiada en la Mostra de Venecia. Allí la película recogió buenas críticas, al igual que en San Sebastián.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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