jueves, noviembre 16, 2006

Juan Mayorga y Helena Pimenta, unidos por un compromiso

El chico de la última fila supone la cuarta colaboración entre Ur Teatro y uno de los autores más prolíficos y críticos del panorama nacional.

Mayorga, el tímido creador de un universo teatral inmenso, posee mucho de ese chaval que ve la vida de los demás; Pimenta, al frente de una de las formaciones escénicas más activas, se convierte en la compañera de pupitre con la que comparte confidencias.

Hace 15 meses se esbozaban los seres vulgares que acabarían convertidos en personajes de teatro. Los dos pulmones de Ur, Pimenta y José Tomé, le realizaron un encargo después de leer algunos relatos escritos por un autor español que, contra los pronósticos más maldicientes, vende mucho. De aquella carpeta de argumentos salió la excusa para iniciar un nuevo viaje con una compañía conocida por lo que ha hecho y por lo que ha dejado de hacer: no les podía ofrecer cualquier cosa.

El dramaturgo, madrileño de 42 años, vertía en su nueva obra parte de su mundo como docente y voyeur. El producto sobre la curiosa relación entre dos tipos raros tenía comprador asegurado. Tildada de un perenne ‘continuará’ y hecha con retales de dos realidades paralelas, la pieza narra el entendimiento entre un profesor, incapaz de imaginar un mundo sin libros, y su alumno, un futuro escritor aunque él aún no lo sepa.

La vinculación total entre el equipo de Pimenta, los 6 actores –Ramón Barea y el propio Tomé entre ellos- y la palabra de Mayorga se hace patente en este trabajo, concebido ‘ex profeso’ de manera similar a Encuentro en Salamanca, espectáculo para conmemorar la capitalidad europea de la ciudad castellana en 2002, Sonámbulo, a partir del mundo de Rafael Alberti, y la versión de La dama boba.

Al que es capaz de contarnos con maestría lo que ve por el ojo de la cerradura se lo rifan aunque será fiel a los que cuidan a sus hijos, como Ernesto Caballero y Andrés Lima. Con ellos su afición por el arte del actor, que es el teatro, y la idea de que un autor no debe estar aislado en su gabinete, sin contacto con el exterior. Con la responsable de La entretenida, montaje para la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el flujo de ideas es también constante, a pesar de la fama que tiene de coger los clásicos y deconstruirlos, leerlos de manera diferente pero sin traicionarlos, al respetar frases y signos de puntuación. Mayorga puede quejarse de sus sabias manipulaciones ya que está vivo, a diferencia de Cervantes, Shakespeare, Moliere, Valle Inclán y Lope de Vega.

La directora, que reinterpreta ‘por ser una mujer de su tiempo’, realiza un ejercicio de confianza absoluta en el autor al ser consciente de que el texto nace de él. Aunque le asalte la duda, pueda polemizar y discrepe con él, sabe que el proceso de creación resulta más rico. No hablamos del desahogo por tenerle a golpe de telefono. La historia de un encuentro provechoso se repite con El chico de la última fila. Autor y directora destacan el goce compartido del teatro y las emociones que propone. A Mayorga no le importa ser criticado por ella, ingeniosa a la hora de jugar con un espacio sencillo, contar con intérpretes, capaces de aportar, y dirigir una mirada respetuosa hacía cada una de sus criaturas y su misterio.

Ur Teatro tiene vocación torera al recorrer ciudades y pueblos con giras bien nutridas. En 2007 cumplirá dos décadas, 20 años que han dado para mucho, como la trilogía formada por Sueño de una noche de verano, Romeo y Julieta y Trabajos de amor perdidos. En 2005 pudimos ver su visión de La tempestad. A Mayorga se le asocia con Animalario, Premio Nacional de Teatro 2005. Para ellos ha escrito Últimas palabras de Copito de Nieve y Hamelin. El fundador del colectivo teatral El Astillero y profesor de matemáticas y doctor en filosofía ha dado éxitos recientes al Centro Dramático Nacional, con Himmelweg (Camino del cielo), y a la Sala Beckett, con una versión de sus Animales nocturnos.


Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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