viernes, noviembre 10, 2006

Avanzamos... Babel


Marruecos, Japón, México... Si en una de estas zonas alguien tropieza con una piedra, un hecho que carece de importancia aparente, en las otras dos se produce un terremoto.

El mexicano Alejandro González Iñárritu ha hecho suya la teoría del caos, en concreto el efecto mariposa, revistiendo el resultado con su particular poesía. Su tercer largometraje vuelve a ahondar en la soledad, la libertad y lo complicado que es hablar entre unos y otros aún usando el mismo idioma.


Parece más fácil relacionar a los seres humanos a partir de la desgracia: cree el cineasta responsable de Amores perros y 21 gramos que no somos felices con las mismas cosas, pero sufrimos por lo mismo. Con la dura bofetada a la conciencia que es Babel, el cineasta al que Almodóvar considera genio se diploma con honores como narrador de la realidad social. En esta ocasión toca la peligrosa ecuación entre caos y soledad, otorgando protagonismo a un espacio en el que cobra fuerza el problema de las fronteras y el miedo al otro.

En su cinta más trasnacional hasta el momento, con la que cierra una trilogía, se entremezclan 4 relatos unidos a la velocidad de una bala, trozos de vidas anónimas que ya por si solos mantienen en vilo al espectador al llevarle por los intrincados caminos de la angustia, la misericordia y humanidad. Un puzzle anímico donde los hechos puntuales tienen consecuencias catastróficas, como el que una pareja reciba los balazos perdidos de unos niños que aprenden a usar una escopeta.

Un catalogo de estrellas vuelve a despojarse de su halo de soberbia y glamour de la misma manera que ocurrió con Benicio del Toro, Sean Penn y Naomi Watts en 21 gramos. Puestos al servicio del tándem formado por el director y el guionista Guillermo Arriaga, no esperamos de ellos otra cosa: Brad Pitt, Gael García Bernal y Cate Blanchett se sometieron a los deseos de un creador al que muchos tachan de torturador en el set de rodaje por su afán de extraer de los actores la materia más humana, la que sale del corazón y las entrañas.

Rodar en el norte de África a temperaturas que superan los 40º, acudir a sesiones de maquillaje para ‘envejecer’ hasta 20 años, pasar jornadas enteras tumbado en el suelo sin moverse... Las pruebas físicas se completan con el intenso caudal de emociones de una tesis central muy dura: la necesidad de ser amado por otra persona.

González Iñárritu edifica una nueva Torre de Babel ideal aunque bastante dura en la que no deberían imponerse las barreras de la raza, la religión o la lengua. Se ha rodado en 5 idiomas diferentes (entre ellos, lenguaje de signos japonés) y sus escenarios nos trasladan a 3 continentes, unidos por la música compuesta por Gustavo Santaolalla. La capacidad crítica del guionista, productor y realizador mexicano vuelve a bajarnos a la tierra: marca la diferencia entre mundos con maestría y riesgo, al usar 3 formatos distintos de filmación que, de manera metafórica, remarcan las fronteras: Marruecos, en 16 milímetros, México, en 35 milímetros; y Japón, con lentes anamórficas que deforman la imagen.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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